El Mercado de la Paz.

Tlalpan, El mercado de la Paz.

“Cada vez que vez que regreso a mi pueblo natal, los aromas me evocan grandes recuerdos de infancia, de mis paseos por el centro de Tlalpan y la llegada al atrio de la Iglesia de San Agustín” -cuenta emocionada entre anécdotas mi madre-… así relata cada vez que paseamos por la plaza que rodea el mercado.

Yo no nací aquí, pero he venido con mi madre desde que era un niño, quizá por ello, me recorren los mismos sentimientos al ver ahora a mi hijo correr por los mismos atrios donde también corrimos mi hermano y yo y donde nacieron todas esas historias que cuenta mi madre, en las primeras formas del mercado junto con sus portales y la venta de coloridas flores, frutas y verduras…en el mercado de “La Paz”.

El mercado de La Paz es un lugar antiguo, y con sus poco más de cien años es uno de los edificios más hermosos y antiguos del antes pueblo de Tlalpan -lo que me resulta curioso, que la gente se siga refiriendo a este lugar como un “pueblo” a pesar de ser sólo un lunar al sur de la ciudad más grande de México…

Es una tarde agradable y la luz es más que adecuada para tomar fotografías, no es coincidencia que de entre tantos mercados que hay en la Ciudad de México haya escogido hoy venir cámara en mano, porque además de la conexión emocional que me une, este lugar es especial… el mercado es actualmente uno de los más antiguos de la ciudad de México, lleno de historias, hoy día ahogado por la gentrificación y el concreto, rodeado de viejas quintas las cuales ya fueron fraccionadas tiempo atrás y cuya densidad poblacional se ha elevado al grado de saturar los usos de suelo, calles y avenidas… sin embargo permanece, el mercado, la plaza, la iglesia y la ahora ”renovada” paletería donde mi madre solía comprar paletas a 15 centavos antes de la misa de las 12…siempre que vengo la sensación nostálgica es la misma… me siento a comer un helado de limón y observo al señor de las raspas hacer burbujas de jabón, contemplo la plaza y entretejo aquellos relatos con mis propios recuerdos.

Bitácora en film.
Kodak Ektar 100.

 

Serie Convergencia Geométrica

“La fotografía es una ventana que me permite explorar una extensión de mi realidad en paralelo a otras realidades que convergen en una heterotopía atemporal.”

Sobre la serie

Convergencias Geométricas

La necesidad o necesidades de algo exterior. Te paras frente a un edificio…siempre está presente… surge a cada instante la idea de estabilidad en cada punto, en cada línea, un pensamiento perpetuo que se erige en un estado mental contemplativo, del cual podemos alejarnos y volver y encontrar mucho más de lo mismo, más que antes.

“Los edificios” o “El edificio” resuena en nuestra mente como un algo, una cosa muy diferente del edificio, una oda a la distopía, que no encuentra sustento en sus cimientos. Los caminas, los admiras, lo imaginas y lo prosigues…observas puntos creadores de líneas que se entrecruzan y crean las trayectorias de diversas formas y colores que conforman el panorama urbano de esta gran ciudad, algunos son imponentes a la vista, enormes estructuras que albergan cientos de historias, algunas recientes, otras tantas sobrevivientes de una realidad que no es la actual.

Los edificios son capaces de provocar pensamientos, ciertos efectos, por una parte los que recogemos a partir de la contemplación, sus ángulos, sus luces y sus sombras y por otra, lo que desde nuestro interior se diluye y se mezcla a partir de nuestras experiencia y provocan imágenes que saltan desde la memoria. La serie pues, es un punto de vista muy particular del imaginario que rodea a estos monumentos de la modernidad y las posibilidades de representación.

La serie en si, trata de evocar las marcas visibles de la búsqueda utópica que la modernidad deja en las ciudades. Los edificios son monumentos de distintas realidades que de manera imbricada construyen evidencia de la historia moderna pero no sólo eso, tal como Deleuze lo definiera “un edificio es una máquina”, una máquina de ideas y sus posibilidades.

GA.